Diseño para la protesta

El diseño en la era de la displicencia

“Hay tantas políticas desestabilizadoras y peligrosas viniendo de esta administración que tuve que comprar un cartel de protesta reusable.”

Las protestas son parte de la vida en sociedad, y si bien no son algo agradable son extremadamente importantes en el desarrollo de nuestras sociedades. Históricamente han sido instigadoras de cambios sociales tanto para justicia como para la equidad.

Hoy en día parece que cada vez hay más razones para protestar, tales como crisis económicas, políticas discriminatorias e injusticia. Las protestas son prevalentes en nuestro contexto actual.

Como Diseñador Industrial no puedo evitar notar como mi disciplina ha estado históricamente ausente de este espacio, como parece ser un tema tabú.

Pareciera que los diseñadores se aíslan voluntariamente de temas políticos, lo cual yo achaco a la estrecha relación del Diseño Industrial con las estructuras económicas, al punto de sometimiento. Y no se puede descartar que los diseñadores no pueden conciliar sus valores estéticos con el origen popular de las protestas. Así mismo la inmediatez de las protestas contrae ciertas complicaciones para el desarrollo de un proceso de diseño tradicional. Esto dificulta el desarrollo de propuestas de diseño, y más importantemente, la adopción de dichas propuestas por parte de los protestantes.

El hecho es que las protestas son manifestaciones políticas y por lo tanto de naturaleza simbólica. El Diseño Gráfico ha sido siempre más apto para interpretar y entender la significancia de estos valores simbólicos y es por eso que históricamente ha estado mejor preparado para crear, potenciar o apropiar iconos asociados a las protestas.

Por otro lado el Diseño Industrial tiene un muy buen manejo de la estética pero siempre ha tenido dificultades para manejar valores simbólicos de manera sutil y significativa.

Los productos que se encuentran en las protestas o incluso aquellos que se convierten en símbolos de las mismas son principalmente objetos apropiados por los protestantes o creaciones improvisadas por los mismos durante las protestas.

Un objeto con una enorme carga simbólica y emocional sería el pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo. A tal punto que en la cultura argentina un pañuelo blanco no puede tener otra posible asociación simbólica.

Este es un objeto bastante inocuo que ha sido apropiado culturalmente de forma intencional. Fue creado como un símbolo, no por diseñadores, sino por las mismas protestantes.

El problema de los diseñadores abordando el diseño para la protesta es que los objetos que resultan de estas búsquedas usualmente fallan en predecir los valores de las protestas y por lo tanto se perciben como forzados o fuera de lugar, fundamentalmente porque tratan de abordar esta problemática desde el enfoque tradicional del diseño en lugar de adoptar y tomar valor del origen popular de las protestas.

Es importante para los diseñadores entender que los objetos de protesta operan por fuera de la dinámica consumista habitual. Son objetos que no se pueden ni se deben comercializar, ya que de lo contrario pierden su valor, su carácter de rebelión y de contracultura.

Los objetos para la protesta tienen que entenderse como parte de un sistema que involucra acciones, actores, legislaciones, organizaciones y símbolos, y que para ser exitosos tienen que estar totalmente integrados en la realidad de la protesta, tienen que nacer de la misma, no pueden provenir de una entidad externa.

Protestante en Venezuela. © Juan Barreto / AFP — Getty Images

Y mientras que a lo largo de este artículo me he referido a objetos entendiéndose como manifestaciones físicas tal y como los concibe tradicionalmente el Diseño Industrial mis pensamientos no solo se acotan a este espacio. Las protestas, entendidas como un sistema, surgen de forma orgánica, no hay ninguna organización o proceso formal detrás de su creación, lo que hay es un propósito, un propósito tan fuerte que logra unir a cientos, miles de personas. Nosotros los diseñadores podemos llegar a ser partícipes, pero cuando nos involucramos lo hacemos en nuestro rol de ciudadanos, no como diseñadores. ¿Podemos aprovechar todo nuestro conocimiento para potenciar estos movimientos? ¿Podríamos canalizar nuestra propia displicencia en crítica social? Y cuando hablo del diseño para la protesta no me refiero a un enfoque naif, buscando traer orden a estas expresiones populares, a estas luchas populares. Las protestas no son agradables, son combativas, son cuestionadoras del estatus quo y son sobre exigir derechos. Son tanto sobre furia como sobre esperanza. No hay que buscar cambiar eso, es algo para canalizar y apropiar. Somos parte de eso, no agentes externos.

Quizá una vez que la protesta se convierte en un movimiento organizado es cuando una visión más tradicional del diseño puede ser partícipe, pero hasta ese momento el diseño como práctica de interacción con el mundo está ausente de este espacio y es algo sobre lo que debemos reflexionar y buscar cambiar.

Solemos ver el diseño como orden, como belleza. No nos sentamos a pensar sobre el diseño del enojo, la desilusión, el conflicto y, básicamente, como debería ser el diseñar la respuesta a la injusticia.

Esto no puede hacerse de la forma en que concebimos el diseño hoy en día, necesitamos pensar sobre el diseño de la displicencia.

Designer with a passion for design and culture

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